El regalo de cumpleaños inesperado
Hola, soy Eduardo. Para mi cumpleaños, deseaba con todo mi corazón una laptop. ¡Y la recibí! Fue un regalo de mi abuelo.
Sin embargo, mi papá me dijo:
—Tendrás que usarla para escribir y hacer las tareas de la escuela. Pero no la voy a conectar al WiFi, porque eso te distraería y no trabajarías con seriedad.
Me puse un poco triste. Pero mi abuelo, con su sonrisa sabia, me dijo:
—Mira, no es tan mala la situación. Si demuestras responsabilidad con tu laptop, tu papá confiará más en ti y quizás más adelante la conecte a Internet. ¿Sabes qué recibí yo a tu edad?
Entonces sacó de una caja un cuaderno viejo de hojas amarillentas y una cinta con cerradura.
—Esto era mi diario. Lo llamaba “Boletín Número 1”.
—¿Y por qué tenía cerradura? —le pregunté curioso.
—Porque un diario debía ser secreto, solo para ti, tu mejor amigo en papel.
—¡WOW! —exclamé—. Yo también quiero uno así. ¡En la computadora mis padres pueden espiar todo!
—Yo escribía de todo: lo que sentía, lo que vivía en casa o en la escuela. Y seguí escribiendo incluso de adulto. Este fue mi primer cuaderno… pero tengo muchos más, incluso uno de hoy.
—¡Eso es genial! Si te gusta la idea, mañana te traigo uno parecido y te muestro mi propio “Boletín Número 1” —me prometió.
El diario secreto y el Boletín Número 1
Al día siguiente, el abuelo Billy cumplió su promesa. Me regaló un cuaderno con cerradura y una pequeña llave dorada para guardar mis secretos.
Además, me dio su propio Boletín 1.
Cuando abrí la cerradura, sentí una emoción especial.
¿Qué secretos escondería mi abuelo Billy en aquellas páginas? Y empecé a leer…
Año 1968 – Tercer grado – Boletín de Billy
Mi familia está compuesta por mamá Catalina, papá Emiliano, mis dos hermanos mayores: Diego (muy estudioso, quiere ser ingeniero), y Mateo (también buen alumno, seguro será veterinario).
¿Y yo? ¡Ni idea!
Después está la pequeña Ámbar, y la abuela Emma.
¡Ah! También vive con nosotros Robby, el gato rubio de la abuela, que duerme en su canastita a lado de la chimenea en invierno y bajo los árboles en verano.
Te presentaré a todos porque tú, cuaderno, serás mi confidente. Te llamaré “Cuate”. Tendrás que ayudarme a guardar todo lo que siento y pienso.
Hoy vino mi amigo Javier a buscarme para ir juntos a la escuela. Le llamé desde la ventana, y le hice pasar a la casa, mientras mamá preparaba el desayuno.
—¿Quién es tu amigo? —preguntó ella.
—Es Javier, está conmigo en tercero. Su papá es el herrero que vive a dos cuadras.
Javier estaba emocionado porque su papá está creando algo especial para la escuela: “El Árbol de los Sueños”, un árbol de metal donde los niños podrán colgar dibujos, cartas y mensajes.
Será un buzón mágico, visible para todos, lleno de deseos y esperanza.
Nos pidió que estudiemos mucho este año, porque los sueños también necesitan esfuerzo para cumplirse. Bueno así nos decían los grandes, pero mucho después con mi amigo Javier descubrimos un secreto que más adelante te contaré querido " Cuate".
Mamá notó que Javier tenía su uniforme arrugado y sin un botón. Sin decir nada, lo planchó, cosió un botón y lo peinó con cariño.
Después le preguntó:
—¿Y cómo está tu mamá?
—Sigue en el hospital. El domingo papá me llevará a verla. Tengo muchas ganas de abrazarla y que vuelva pronto a casa.
—Todo saldrá bien —le dijo mamá—. Hoy almorzarás aquí, dile a tu papá que no se preocupe.
Y luego me susurró al oído:
—Cuida de tu amigo en la escuela.
La abracé y le dije:
—Aunque parezcas seria, eres la mejor mamá del mundo. ¡Te quiero mucho!
Y mamá, con una sonrisa, dijo:
—¡Apúrense o van a llegar tarde!
¿Verdad, Cuate, que tengo una mamá muy especial?
¿Y el árbol de los sueños?
En ese momento, el abuelo apareció por detrás y me preguntó:
—¿Ya leíste algo? ¿Te está gustando?
—Sí, abuelo. ¡La bisabuela era muy buena!
¿Y de verdad hicieron el Árbol de los Sueños?
—Sigue leyendo… y más sorpresas tendrás.


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