Había una vez un abuelo que escribió su infancia… ¡como si fuera un cuento!
Se llamaba Francesco Chiesa. Vivía en Suiza, hablaba italiano, y le gustaba contar cómo eran sus clases, sus juegos y sus sueños cuando tenía tu edad.
Un día,Niki mientras preparaba su Baúl de objetos valiosos para llevar a Paraguay entre los cuales muchos libros y juguetes encontró un libro raro y muy viejo con letras grandes y papel amarillento y le pregunto al abuelo.
—¡Mirá ! Este libro dice: Recuerdos de escuela.
—¿Es un cuento? —preguntó Manu.
— Y el abuelo contesto:
—¡Es la historia de Francesco Chiesa! ¡Como si hubiera escrito un diario!
🏫 ¿Cómo era su escuela?
Francesco contaba que los bancos eran de madera, los lápices eran de carbón, ¡y el maestro escribía con tiza en una pizarra negra gigante!
—No tenían tablets, ni mochilas de unicornio —dijo Manu.
—¡Ni siquiera merienda en cajita! —rió Niki.
🎨 ACTIVIDAD
🖍️ Dibujá tu versión de una “escuela antigua”.
👉 Bajá nuestra hoja para colorear con pizarras, bancos viejos y tinteros.
🕊️ ¿Sabías que…?
Francesco Chiesa vivió más de 100 años, y siguió escribiendo como si todavía tuviera un niño adentro.
Escribía para no olvidar.
¿Y vos? ¿Qué historia te gustaría contar cuando seas grande?
📌 Cierre:
Si te gustó este cuento de la vida real, ¡hay más historias antiguas en nuestro blog!
🧩 Aprender del pasado puede ser una gran aventura.
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🧒 Una travesura inolvidable: “Una birichinata”
Entre los muchos cuentos que Francesco Chiesa escribió sobre su infancia, uno destaca por su mezcla de aventura, humor y desobediencia: “Una birichinata” (Una travesura).
Aunque usa nombres ficticios, el relato es claramente autobiográfico. Chiesa y su amigo —a quien llama el diablo tentador— deciden un día no ir a la escuela y, en cambio, explorar el desván del campanario de la iglesia del pueblo.
Con ingenio y un toque de peligro, escalan desde el interior del templo, trepan al tejado y logran entrar al desván por una ventana. Allí encuentran un mundo mágico de objetos antiguos: candeleros, pesebres, una Virgen con estrellas doradas en su vestido… una cápsula del tiempo sagrada.
Después de horas de descubrimiento, deciden espiar al interior de la iglesia. Desde un agujero en el techo, ven al cura ensayando su sermón del domingo. Entonces, en un acto de travesura que mezcla inocencia y osadía, uno de los chicos lanza piedritas y escombros al sacerdote. El pobre cura, creyendo que el techo se derrumba, huye despavorido.
La historia termina sin castigos. Pero Chiesa no la cuenta con orgullo ni con culpa: la narra con la distancia dulce del que fue niño en una época donde hasta una iglesia podía ser un lugar secreto para jugar.
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